LA IGLESIA Y LA PATRIA

Raul VenceNoticias

En este día, los panameños sin importar el lugar donde estén, se reúne para darle gracias a Dios por Panamá, aunque la mentalidad contemporánea suele mirar con sospecha todo lo que es tradición, haciéndola sinónimo de arqueología inútil.  Hoy 28 de noviembre, cuando celebramos el bicentenario de nuestra independencia del Reino de España, igual que cada 3 de noviembre cuando celebramos la separación de Colombia, en nuestro país, Iglesia y el pueblo se unen en acción de gracias para solemnemente manifestar su fidelidad a una tradición que les pertenece y los hermana.La Iglesia y la Patria: dos magnitudes, dos almas que sólo pueden subsistir y fructificar en la medida en que son fieles, cada una, a su tradición.  Hermanos y hermanas: El arriesgado camino de la independencia con sus marchas y retrocesos, siempre amenazado por nuevos y diversos colonialismos, aún no está concluido.  La Iglesia, fundada por Cristo, sabe que no puede enseñar sino lo que Cristo le confió, ni dar vida sino abrazándose a su Cruz, ni gobernar sino sirviendo como Él sirvió. Ella, experta en humanidad, vive siempre renovada y joven, precisamente porque no deja nunca de mirar hacia su origen para reencontrar, en su historia primera, los cimientos perennes de su fe, los motivos de su esperanza y las razones de su amor.  Por su parte, los pueblos han de leer constantemente su itinerario histórico en las actas de fundación, pero principalmente en las luchas, en sus gestas por lograr mejores días para que todos sus hijos e hijas, sin exclusión, vivan con mayor justicia y equidad. Las celebraciones del bicentenario, en medio de la pandemia, son una buena ocasión para que ahora nosotros podamos proseguir la construcción de nuestra nación, levantar vuelo y mirar horizontes más grandes. Ayer fueron los proceses y padres fundadores de nuestra patria, ahora nos toca a nosotros, por eso entre todos sin exclusión de ningún panameño y panameña, necesitamos discernir sobre nuestro pasado, presente y futuro. Urge poder definir y emprender grandes objetivos nacionales con consensos fuertes, cultivando proyectos de Estado, que sobrepasen los gobiernos.La Patria nace en la comunión profundamente humana, cuando todos hacemos propios y comunes valores como la solidaridad, la libertad, la paz y el respeto a la diversidad étnica y multicultural; y deponemos egoísmos personales, partidistas, económicos, políticos, por el bien común. La patria no se inventa, sólo se redescubre y revitaliza, siempre en la fidelidad a su patrimonio de origen.   Cuando los pueblos se desprenden de su tradición -ya sea por manía imitativa, violencia impositiva o imperdonable negligencia, apatía o tolerancia para que se les arrebate el alma- pierden junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y finalmente su independencia ideológica, cultural, económica y política.  Gracias a Dios Panamá tiene su alma, su esencia. La historia demuestra -y seguirá demostrando- que sólo en esta fidelidad es fecunda la esperanza. Por eso, realizamos esta acción de gracias por una herencia que nos enaltece, y nos estremece también la esperanza. Panamá quiere seguir siendo Panamá.  Bicentenario una oportunidad para refundarnos Aspiramos que en estos días recordemos con sano orgullo que, a pesar de las adversidades, hemos realizado hazañas memorables a pesar de ser un país pequeño; que hemos dejado en grande el nombre de nuestra Patria; que sin importar los regionalismos, sin importar si soy coclesano, santeño, herrerano, chiricano, colonense, bocatoreño, darienita o de Panamá Oeste, o de los diversos siete pueblos indígenas con cada una de sus diversidades culturales, todos necesitamos sumar nuestros esfuerzos para procurar el bienestar, desarrollo y progreso de nuestro país, y  colocarnos las misma camiseta: Panamá.En este bicentenario, los panameños y panameñas, celebramos esta festividad patria, ¡Felicitaciones! Pero esta celebración es una oportunidad para escribir nuevas páginas de la historia nacional, pues tenemos un país que, a pesar de las dificultades y problemas, a los cuáles todos y todas estamos llamados a solucionar; también tenemos grandes oportunidades. Actualmente es más urgente la tarea de reencontrar el consenso que favorezca el desarrollo social, para garantizar mejores condiciones de vida para quienes convivimos en este territorio panameño, sin que nadie quede excluido de las bendiciones que tiene Panamá.Hay un recorrido en nuestra historia que demuestran la voluntad de los panameños para que, a través del diálogo, se puedan resolver sus problemas, particularmente en los últimos 30 años, con la participación de diversos sectores de la sociedad que es importante recordar: • Primer Pacto Electoral de Santa María la Antigua (1994), propició el interés de establecer canales y vínculos, entre sectores partidistas tradicionalmente opuestos.• Encuentros de Bambito (1993-1994)• Encuentros Panamá 2000 (Coronado 1996-1997) • Visión Nacional 2020 (1997-1998)• La Concertación Nacional para el Desarrollo (2007)• Pacto del Bicentenario (2021)En el Pacto Bicentenario, en el que se ha realizado una consulta a nivel nacional, llama poderosamente la atención la participación significativa de la juventud. Y esta participación significativa implica, por un lado, reconocer y fomentar sus fortalezas, intereses y habilidades; y por otro lado, proveer oportunidades reales, para que se involucren en la toma de decisiones que los afectan y en las que tienen implicaciones en el futuro del país.El Papa Francisco ha insistido que es necesario que jóvenes y ancianos, caminemos juntos, para estar bien arraigados en el presente, y desde aquí frecuentar el pasado y el futuro: frecuentar el pasado, para aprender de la historia y para sanar las heridas que a veces nos condicionan; frecuentar el futuro, para alimentar el entusiasmo, hacer germinar sueños, suscitar profecías, hacer florecer esperanzas.Para la Iglesia y para la sociedad, no hay futuro sin los jóvenes. Por eso les invito a ellos a no dejarse envolver de las mañas del pasado, sino de aquello que les permitan crecer y aportar al país; que no renuncien a su rebeldía, “que no se dejen domesticar”, sean críticos serios y activos, aportando desde su entusiasmo, pasión y juventud.Queridos hermanos y hermanas: en muchas partes de nuestro país hay gente buena y trabajadora, que no tienen “agendas ocultas”, que creen en la vida y en que podemos hacer mejor este país, si todos y todas aportamos nuestra parte… eso es hacer patria.  Ante el negativismo que nos invade por situaciones injustas, dolorosas, como la violencia, la corrupción, la indiferencia, hay que renovar la esperanza con los pies puestos en esta tierra que nos vio crecer, y con la fuerza que nos da sabernos amados por Dios, Nuestro Señor de la historia, que nunca nos abandona.Caminemos juntos para hacer posible un mejor PanamáLos profundos problemas que vive a diario nuestro pueblo y que se han agudizados con la pandemia, no pueden esperar más. No podemos seguir pensando que todo está bien, existe un real clamor del pueblo al que no podemos ser indiferentes.El primer paso es hacer una escucha atenta de las necesidades del pueblo y de los sectores del país. Escuchar sin prejuicios ayudará a comprender el por qué y cómo hay que dar oportunas y permanentes respuestas, a través de políticas públicas de Estado. En este proceso de escucha y caminar juntos hacia el proyecto país, es indispensable que todos nos sumemos: comunidades de fe, empresarios, trabajadores, instituciones públicas y gubernamentales, partidos políticos, movimientos sociales, entre otras instancias de la sociedad panameña.Solo una sociedad unida, es decir todos sin exclusión de nadie, podrá avanzar en reformas auténticas. Esta sería una real práctica de patriotismo en la que participan los hombres y mujeres, que buscan dejar a las futuras generaciones un país mejor.Hermanos y hermanas, esta celebración de los 200 años de la independencia de Panamá de España, nos debe hacer pensar para qué nuestros próceres lucharon y arriesgaron sus vidas para independizarse e iniciar un recorrido independiente. El mejor homenaje a nuestros próceres es reflexionar y asumir los mismos ideales que ellos enarbolaron. Donde encontremos pobreza, necesidad, carencias de lo básico, insolidaridad, violencia, corrupción, juega vivo y todo aquello que haga infeliz a alguien es un motivo para seguir trabajando y luchando por esa independencia que soñaron los próceres de América. Alegrémonos de ser independientes y tener la oportunidad de seguir luchando por nuestra independencia.La presencia hoy de las diversas comunidades de fe, no es solo un signo que la unidad es posible aun en medio de la diversidad, “distintos, pero no distantes”; sino que nuestra presencia quiere manifestar que seguimos dispuestos a seguir acompañando a nuestro pueblo en esta misión histórica y patriótica, de no dejarse amedrentar por pensar que nada se puede hacer, que todo está acabado, que esto no lo cambia nadie.Cada uno desde su realidad, no podemos normalizar lo malo, aquello que atenta contra la dignidad y bienestar de la persona y del pueblo. Hay que denunciar las injusticias, la corrupción y otros males sociales, que parecen apoderarse del país. Pero, además hay que salir a la defensa de los explotados y marginados; y a la vez de aportar en cambios de actitudes, primero a nivel personal, después en familia, en la comunidad, en todos los espacios en que nos desenvolvemos. Si hay algo que debemos convertir en un virus que se contagie es la honestidad, la solidaridad, la corresponsabilidad, para que exista un verdadero cambio y una transformación positiva en todo lo que no es ético, honesto, moral o ético.  Contagiemos a nuestra familia de esperanza; con acción, hay que moverse para hacer los cambios, hay que arriesgarse, por un mundo y un país mejor. En este empeño, la Iglesia siempre estará presente.Firma del acta histórica del bicentenarioEn esta Catedral Basílica Santa María la Antigua, que el Papa la definió hermosamente como “Una catedral española, india y afroamericana”, que “se vuelve así catedral panameña, de los de ayer, pero también de los de hoy que han hecho posible este hecho. Ya no pertenece solo al pasado, sino que es belleza del presente”, será testigo de otro acto histórico: La firma del Acta como recuerdo de la celebración del Te Deum dedicado a la conmemoración del segundo centenario de la independencia del Istmo de la Corona española.Hoy también cada uno de los panameños y panameñas y quienes han optado por vivir en este hermoso país, junto al Excelentísimo Sr. Presidente de la Republica, Laurentino Cortizo Cohen, estamos escribiendo nuevas páginas en la historia panameña, como en aquel entonces lo hicieran el Dr. Carlos Icaza, Mariano Arosemena, Juan Herrera, Narciso de Urriola, José de Alba, Gregorio Gómez, Manuel María Ayala, Antonio Planas, Juan Pio Victorias, Antonio Bermejo, Gaspar Arosemena, Casimiro del Bal, Mons. José Higinio Duran y Martell, Obispo de Panamá del que conservamos su báculo. Develación de documentos inéditos y originales del Dr. Justo ArosemenaLa Iglesia Católica quiere compartir con los panameños y panameñas, que se le ha donado documentos inéditos y originales del padre de la nacionalidad panameña, Dr. Justo Arosemena, por la familia Arosemena Fábrega. Estos documentos son dos: Carta a los istmeños (Baltimore, 17 de octubre de 1840) donde describe la precaria situación del Istmo y las posibilidades económicas que ofrecería la construcción de un canal. Y el otro documento titulado “La suerte del Istmo” que describe las primeras etapas de la separación de Colombia.Este es un importante aporte a la historia de la Nación en el marco de la celebración de los 200 años de independencia del Istmo de la corona española, que deseamos agradecer públicamente a la Familia Arosemena Fábrega. Estos documentos estarán resguardados en el Museo Orden de la Merced – Guardiana de la Historia.Como constancia histórica de este acontecimiento invitamos a su Excelencia Laurentino Cortizo Cohen, Presidente de la Republica para que firme el acta de la celebración de este acontecimiento y devele los documentos originales del Dr. Justo Arosemena padre de la nacionalidad panameña, donados por la familia Arosemena Fábrega.Que con la ayuda de Santa María la Antigua, que ha acompañado el caminar de nuestros pueblos, podamos ser dóciles a la acción del Espíritu y así unidos en la verdad, hagamos realidad, una patria libre de divisiones, y de intereses sectarios; y que podamos entonar siempre en paz y armonía el canto de alabanza que nos recuerda el coro de nuestro himno nacional: “Alcanzamos por fin la victoria/En el campo feliz de la unión;/Con ardientes fulgores de gloria/Se ilumina la nueva nación”.